Si los 340.688 visitantes que tuvo el año pasado el Museo Picasso, el noveno con más asistencias de España, abandonaran sus mapas y la ruta oficial para llegar a la pinacoteca desde la calle Larios, encontrarían otro casco antiguo y otra Málaga, la de las calles con edificios barrocos del siglo XVIII y del XIX llenas de polvo, en estado de ruina. Basta callejear por Beatas y Tomás de Cózar (ambas llevan a la picanoteca) para que se te encoja el alma: al estado de las baldosas (culpa de los vehículos pesados) se une la degradación del entorno y la pestilencia de los solares abandonados y llenos de basura. Un hedor que llega a los cliente de los baños árabes de Tomás de Cózar. Ni el desembarco del Picasso -buque insignia de la Málaga cultural- ha conseguido cuatro años después de su apertura (27 de octubre de 2003) borrar esta estampa de bombardeo que ofrecen muchos rincones del perímetro que forman las calles Granada, Compañía y Carretería. Y en ese lado norte - el más degradado- se cuentan más ejemplos de edificios abandonados: las calles Puerto de Antequera, Pasaje Gordon, Arco de la Cabeza (llena depintadas, otra de las heridas del centro histórico) y Pozos Dulces. Y la misma escena se repite en la placeta de San Juan de Dios y la calle Coronado; Mártires y San Telmo, junto al futuro Museo Thyssen. Allí, un vecino molesto ha dejado un cartel con su queja. La rehabilitación va despacio En Málaga hay dos oficinas para la rehabilitación del centro histórico. La diferencia es que una es de la Junta y otra del Instituto Municipal de la Vivienda (IMV). Ni así las mejoras llegan más rápido, tampoco con la iniciativa del Registro Municipal de Solares (donde se les da un año a los dueños de edificios que no quieren rehabilitar antes de expropiarlos). El problema de la administración es que tiene que esperar a que algún privado remodele su edificio y se extienda su arreglo a las inmediaciones. Fuente: 20minutos
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